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La sorprendente variación del tomate en los últimos 10.000 años

Los tomates actuales son 100 veces más grandes que los originales y hemos cambiado un 25% del genoma/Fuente: Mundoagro.cl con información de vozpopuli.com

El consumo de tomate cada vez es más alto a nivel mundial.
En Chile fue el producto que registró una mayor variación en último IPC de octubre (57%), siendo una de las hortaliza más escogidas a la hora de preparar una ensalada.
Lo cierto es que el cultivo que habitualmente se presenta en cada plato es muy distinto al que se consumió hace 10.000 años.
En un comienzo el tomate era un pequeño fruto silvestre que los aztecas llamaron xītomatl, en su lengua, ‘fruto con ombligo’. Cuando los españoles llegaron a América, se encontraron con uno de los posibles antepasados de este fruto y de inmediato comenzaron a exportarlo a Europa.
Quinientos años después, se producen anualmente 162 millones de toneladas de tomate en el mundo por un valor de unos 40.000 millones de euros, y se consumen decenas de variedades en todas las culturas, que por lo cierto, es muy distinto al que originalmente se conoció.
Prueba de esto es lo que informa el equipo de Sanwen Huang, de la Academia de Ciencias Agrícolas de China, que publicó en Nature Genetics el primer análisis exhaustivo del genoma del tomate (Solanum lycopersicum).
La investigación muestra los cambios provocados por centenares de generaciones de agricultores. Para su estudio, los profesionales han secuenciado el genoma de 360 variedades de plantas de tomate de todo el mundo, incluidas especies silvestres y domesticadas, y han descubierto que los cambios se produjeron en dos fases muy diferenciadas: la de domesticación de la planta y la de mejora de sus propiedades.
Huang y su equipo han identificado un grupo de tomates que son una especie de intermediario entre los frutos silvestres originales y los que hoy se venden comercialmente. Según explican en Nature, este grupo habría sido domesticado pero no ha pasado por el proceso adicional de mejora del peso y el tamaño. Según su análisis, alrededor de un 8% del genoma del tomate se vio modificado durante la domesticación y un 7% en la fase posterior de mejora. El resultado, añaden, es un tomate moderno “100 veces más grande que su antepasado”.
Paralelamente, esta mejora ha tenido una consecuencia negativa y es que se ha reducido la variedad genética del tomate, lo que limita la capacidad de los agricultores de combinar variedades.
Una fase muy importante de los cambios en el genoma introducidos por los cultivadores ocurrió mucho más recientemente (desde los años 70 del siglo XX) y fue la combinación de características de distintas especies mediante un proceso denominado introgresión. Algunos genes resistentes a virus o nemátodos, por ejemplo, prevalecieron en los tomates comerciales modernos desde las ramas más antiguas, ayudando a que no se perdieran las cosechas.
Todos estos cambios, desde la domesticación a la mejora y las variaciones por introgresión, ocupan, a juicio de los autores del trabajo, alrededor de un 25% del genoma del tomate, la huella de centenares de generaciones en busca de una fruta mejor. Estos mismos esfuerzos, apuntan los investigadores, son los que limitan ahora la recombinación de genes y especies, por lo que la investigación en laboratorio puede ser esencial.

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